El río Chícamo de Abanilla: una cinta de agua entre tierras secas
El río Chícamo cambia la manera de mirar un paisaje árido. En Abanilla, el agua atraviesa laderas pálidas de yeso y barrancos profundamente erosionados. Juncos y otras plantas de ribera se reúnen donde persiste el caudal y dibujan un estrecho corredor verde en un territorio que desde lejos parece casi desnudo.
La historia local
La reserva fluvial se protege por su geología singular y los hábitats que sostiene el agua. La erosión abrió cárcavas y el río ha ido excavando y depositando materiales entre ellas. Lo interesante es esa relación, más que un mirador aislado. También es un espacio delicado: el caudal estacional puede cambiar rápidamente la seguridad de un camino.
Prepara la visita
Elige una ruta pública establecida y consulta las condiciones antes de salir de Abanilla. Algunos pasos se cierran por la vegetación; tampoco una mañana seca descarta lluvia río arriba. Aléjate de taludes inestables y no alteres el cauce ni las plantas. Lleva agua, evita las horas de más calor y deja margen para regresar sin improvisar vados.
Cómo se conecta
Los manantiales termales de Fortuna muestran otra forma del agua en este rincón seco de Murcia.
Fuentes
Escrito en septiembre de 2026 con información de Turismo Región de Murcia.